Confesiones de desastres de belleza
A quién no le ha pasado que amanece un fin de semana con todas las ganas de dejar de lado de una vez por todas los rituales de belleza e ir el día lunes al trabajo con la cara lavada y el pelo apestoso y enredado para no darse la molestia de ducharse y pasar frío al menos una mañana en el mes.
No lavarse el cabello puede ser un pecado, es verdad, pero es cierto, a veces no recuerdo cuando fue la última vez que me lo lave, y está tan grasiento y apestoso y además estoy sin ganas de lavarlo que afortunadamente descubrí los champús en polvo, o incluso el mismo talco de bebé, que luego de cepilla y deja el pelo brillante y perfumado.
Sacarme el esmalte de uñas puede ser un martirio a veces, por lo demoroso más que nada, pero bueno, para eso existen los quita esmaltes en lápiz, que barren todo residuo de esmalte de una sola pasada sin tanto sacrificio.
Ducharse sin tener que mojarse es algo de un valor realmente inestimable, para lograr esto, qué mejor que tener siempre a mano un perfume que dure por horas. Este truco de belleza fue muy practicado por Cleopatra.
También confieso que muchas veces me he dejado estar con las cejas sin depilar, para disimular esto, creo que no existe ninguna cosa más que tener a mano una pinza de punta muy fina que acabe de una vez por todas con esos molestos vellos. Ni las bases, ni los polvos compactos han logrado cubrir lo suficiente esos desagradables vellos.
Foto: Flickr
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